Zona técnica · El equipo

Quién hay detrás.

Somos pocos. De momento, uno. Y prefiero decírtelo yo antes de que lo descubras tú.

Bratney Ayala, fundador de AIMA, trabajando con el portátil en una terraza
FundadorAIMA

Fundador

Bratney Ayala

Especialista en inteligencia artificial, filmmaker y diseñador de marca.

AIMA nació de una idea sencilla: los negocios pequeños se merecen el mismo nivel visual que las marcas grandes, sin pagar lo que cobra una agencia por reunirse consigo misma. Así que monté la startup para hacerlo todo desde dentro — la marca, la cámara, el código y la conversación con el cliente.

Cada línea de esta web está escrita a mano, cada escena de la mascota dibujada píxel a píxel y cada automatización montada y probada antes de ofrecértela. Si algo no lo sé hacer, te lo digo. Y si no te renta, también.

El mal que me encontréSistemas agénticos · 2025-2026

Cuando empecé a montar el trabajo sobre agentes de IA di por hecho que el problema iba a ser la capacidad de los modelos. No lo fue ni una sola vez. Lo que se rompía siempre era otra cosa, y siempre la misma: nadie sabía quién decía qué, y lo que se aprendía un martes no estaba en ninguna parte el jueves.

Un agente resolvía un problema y a la semana otro lo resolvía otra vez, distinto. A un modelo le faltaba un dato y lo rellenaba con algo plausible, escrito con la misma seguridad que lo verificado — y tres semanas después ya no se distinguían. El mismo precio vivía en dos documentos y se separaban solos en cuanto alguien arreglaba uno. Y cada vez que creaba un departamento nuevo, que costaba media hora, dejaba de conectar el anterior, que costaba una tarde.

Ninguno de esos cuatro es un problema de software. Son problemas de convivencia, y llevamos siglos resolviéndolos fuera del ordenador: por eso existen los registros civiles, las aduanas, los catastros y los archivos municipales. Así que dejé de tratar el sistema como un programa y empecé a tratarlo como un territorio. Tiene constitución. Tiene un censo que no describe sino que autoriza. Tiene código postal, aduanas para cruzar de bloque y registro civil: ningún agente entra en producción sin acta de nacimiento.

La diferencia con un mundo virtual de agentes es que allí la ciudad es una vista: la apagas y los agentes siguen trabajando. Aquí no. Borra el censo y el sistema deja de poder crear nada, porque no hay quien autorice el código. La analogía no ilustra el sistema — es la infraestructura del sistema.

Lo que salió de ahí son los cinco males de un ecosistema agéntico y cómo se gobiernan, y la arquitectura completa con la que AIMA lleva 29 departamentos. No es código: es una tesis. El código la IA lo replica y lo mejora; el criterio para mejorarlo, no.

Utopía — el software donde vive todo esto — no se enseña. Ni capturas ni demo. Se nombra aquí porque forma parte de lo que soy y porque prefiero decir que existe y no enseñarlo, antes que enseñar algo a medias.

En qué ando

Tres oficios que no se estorban.

Suena a mucho para una sola persona. La gracia es que se alimentan entre ellos: quien graba entiende la marca, y quien programa entiende lo que hay que contar.

Inteligencia artificial

Que trabaje sola

Asistentes entrenados con el negocio de cada cliente, agentes que atienden a las tres de la mañana y flujos que quitan de en medio lo repetitivo. Montado y probado, no prometido.

Audiovisual

Cámara y montaje

Dirección, luz, sonido y color. Y coaching delante de la cámara: nadie se queda solo grabando, que es donde se atasca casi todo el mundo.

Marca y producto

Identidad y web

Del logo al manual, y de ahí a una web escrita a mano. Sin plantillas, sin frameworks y sin cobrarte por reuniones que no hacían falta.

Aquí va el siguiente

El equipo crece despacio

Cuando entre alguien nuevo, aparecerá en esta misma página con su nombre y su cara. Ni «colaboradores» sin apellido ni fotos de banco de imágenes: si trabaja en AIMA, se le ve.

Trabajar aquí

¿Hablamos de lo tuyo?

Sin comerciales de por medio. Hablas conmigo, y si algo no te encaja te lo digo a la cara.